Provincial

Aún es de noche y el protagonismo en los montes de las sierras de la provincia es de las aves nocturnas, que apuran para alimentarse antes de que los primeros rayos de sol comiencen a atravesar la espesura de los bosques.

En mitad de la oscuridad, con paso lento y en silencio, como viene ocurriendo desde hace siglos cuando apuntan los meses de junio, julio, agosto y septiembre, las cuadrillas de hombres se adentran en los montes para iniciar, una jornada más, uno de los 'ritos' más ancestrales de cuantos se escenifican en estas tierras, el descorche.
Una faena que, como ya hicieran sus padres, abuelos y bisabuelos, ejecutan a golpe de riñón y de forma artesanal. Son los corcheros, protagonistas destacados de una historia en la que también tienen un papel destacado los arrieros, encargados de portar en sus mulos las largas y anchas 'tiras de piel' de los alcornoques.



(Vídeo de Ricardo Gónzalez y Pedro Martín (Imagen) y Jose A. Feria (Montaje)

Armados de hacha corchera, escalera, piedra de afilar, navaja y burja (palanca de madera resistente con la que se despega la corteza del alcornoque), los corcheros gaditanos centran su actividad en la Sierra de Los Alcornocales y Grazalema (ésta en menor número), en cuyas fincas, públicas y privadas, se concentran estos centenarios árboles, iconos del rico Bosque Mediterráneo. Un descorche que se ejecuta cuando el alcornoque alcanza una edad aproximada de 25 años y del que es objeto cada 9, 10 u 11 años, tiempo que tarda en recuperar el grosor óptimo en su corteza.

Esta faena, que forma parte del ADN de los corheros gaditanos, cuenta con los siguientes pasos.

1- Trazar: tarea que consiste en hacer con el hacha un corte horizontal en la corteza, denominado 'trazado', 'redondo' o 'cinturón'.

2- Abrir: cortes verticales que se realizan siguiendo, con la máxima precisión posible, las 'fendas' naturales de la corteza de cara a optimizar el aprovechamiento de las láminas de corcho.

3- Ahuecar: tarea que consta de varias fases y que consiste en, haciendo uso del mango del hacha y de la burja, ir separando las planchas de corchos para, finalmente, proceder a su extracción.

Una vez extraído el corcho, las planchas son transportadas por los arrieros a los puntos de depósito (cargaderos), en las que son clasificadas según la calidad y calibre de las mismas, siendo destinadas las mejores piezas a la producción de tapones.

Desde hace tiempo, las técnicas de descorche se han ido perfeccionado tanto para obtener un corcho de mayor calidad (ahora se descorcha a menos altura y los plazos se alargan hasta los 11 años) como para que el alcornoque, un árbol de valor incalculable, no sufra daño alguno y no quede desprotegido. Cabe apuntar que los árboles que son descorchados suelen vivir en torno a los 200 años, mientras que los que no lo son pueden alcanzar los 400.

Esta tradición, que en los últimos años se ha convertido en una nueva herramienta turística, también se caracteriza por la gastronomía que tiene aparejada, consistente en platos con 'cuerpo' como las migas, destinados a reponer el enorme desgaste físico al que se someten los corcheros y arrieros. Platos que son compartidos, 'cucharón y paso atrás'.

Cabe señalar que España produce en torno al 30% del total del corcho mundial, aportando Andalucía el 80% de la cuota nacional. La mayor aportación a esta cuota tiene lugar en el Parque Natural de los Alcornocales, 120.000 hectáreas repartidas entre las provincias de Cádiz y Málaga.