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Provincial

Madera, piel, corcho, enea, barro, cobre, esparto, lana y palma, entre otros muchos materiales, alimentan desde hace siglos una paciente y valiosa labor artesanal ligada al entorno. Una seña de identidad ‘amamantada’ con manos, conocimiento y corazón

 

Callada, creativa, paciente, singular y, a veces, tristemente poco reconocida, la artesanía es una de las grandes señas de identidad de todo territorio. De su forma de vida, de su economía y de su modo de relacionarse e interpretar todo aquello que le ofrece su entorno.

Un noble oficio del que, afortunadamente, la Sierra de Cádiz está colmada de referentes, algunos, como el de la piel o el de la  fabricación de guitarras, de proyección y reconocimiento internacional.

Y es que la Sierra de Cádiz, quizás mucho más que otras comarcas de la provincia, aún guarda una íntima e intensa relación con su entorno natural y, por tanto, con todo lo que éste le ha ofrecido a lo largo de los siglos en favor de la supervivencia de sus habitantes.

Una artesanía que, parafraseando a Lous Nizer (célebre abogado de artitas como Charles Chaplin o Salvador Dalí), en la comarca, en no pocos casos, alcanza el rango de arte, ya que, además de manos y cabeza, el artesano de la Sierra de Cádiz le pone mucho corazón, ‘pariendo’ piezas de gran belleza, únicas.

La piel de Ubrique, las mantas de Grazalema o las guitarras de Algodonales, iconos de un sector ligado a un rico escenario natural

Claro ejemplo de ello fue el tristemente desaparecido maestro Valeriano Bernal, quien, desde su Algodonales natal, decía que “sólo la experiencia y el saber permiten seleccionar las maderas nobles adecuadas, y convertirlas en una forma de perfiles universales  que sostenga seis cuerdas, para crear un instrumento de sonido mágico”.

Experiencia y saber que en Ubrique mana desde hace siglos a raudales en torno a la piel . “No sé cuanto tiempo puedo emplear en hacer una pieza. A todas te entregas como si fuera la primera y la última y, poco a poco, la vas perfeccionando hasta lograr eso que un día, quizás más lejano de lo que recuerdas, llegaste a imaginar”, afirma Luis Domínguez Rojas, uno de esos artesanos-artistas de la piel de Ubrique que, como decía J. Casares,  ha logrado que “el arte (su arte) sea la expresión del alma (su alma) que desea ser escuchada”. 

Pero, además de esos grandes iconos de la artesanía serrana que son la piel y la guitarra, cada una de las localidades de la Sierra de Cádiz atesora su propia huella, esa que durante siglos ha sido pacientemente amamantada en pequeños talleres o en las propias casas, unas con más relevancia que otras para la economía local.

Así, en Alcalá del Valle son famosos sus bordados realizados a mano, los encajes de bolillo, las miniaturas mobiliarias artesanales o los trabajos en enea; mientras que en Algar la marroquinería es la gran protagonista de una artesanía que en Bornos se proyecta sobre los trabajos en esparto, mimbre,  palma, enea, varetas de olivo, caña, madera y cuero. Materiales (esparto, mimbre,  palma y enea) que también son la base de la artesanía de El Gastor.

La cerámica de Jédula y las mantas son los referentes de la artesanía arcense, mientras que en El Bosque lo son la construcción de muebles y el sector marroquinero.

Asimismo,  la construcción de muebles y la forja tienen un marcado carácter artesano en Olvera, mientras que la marroquinería, los trabajos en palma y corcho o la fabricación de mosaicos destacan en Villaluenga del Rosario.

De Setenil, localidad con marcado ADN artesanal, cabe destacar la restauración de muebles y objetos antiguos, la decoración de muebles, policromado de objetos, decoración de murales y molduras para la decoración interior, así como la comercialización de objetos y muebles. Igualmente debe señalarse la artesanía de la cerámica, la carpintería del mueble o las labores de esparto y latón. 

La marroquinería, la cerámica, la forja, la cestería y las tallas de madera copan el protagonismo en Villamartín, mientras que en Zahara de la Sierra las principales actividades artesanales son la cestería (canastos realizados con varetas de olivo, caña y esparto) y las labores de ganchillo, mantones y colchas.

En Puerto Serrano destacan la construcción de carros de enganche y las manufacturas en cuero, destacando la fabricación de botos; protagonismo que en Prado del Rey es para la marroquinería y la carpintería.

El corcho, los artículos de piel, el croché, el punto general  y la carpintería tradicional de instrumentos agrícolas marrcan la artesanía local, que en Grazalema  se plasma en la cestería filigranas, el corcho, la artesanía de cobre en Benamahoma y la afamada artesanía textil.

Ni que decir tiene que a esta artesanía se une esa otra ligada a la gastronomía, a la repostería, los quesos y los embutidos. Pero ésta, como se suele decir, es ‘harina de otro costal’.  

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