Chiclana

Tierra de verdes, blancos y azules, Chiclana de la Frontera, sus gentes, han confiado a lo largo de siglos sus esfuerzos, ilusiones y supervivencia a viñas y salinas. Una historia que se refleja en sus calles, paisaje, fiestas y gastronomía.

Basta con asomarse a ese privilegiado Mirador de la Ermita de Santa Ana para, desde el techo de la Bahía de Cádiz, entender y disfrutar de ese paisaje de colores que dibuja una realidad que ahora, al cobijo de una de las señeras bodegas chiclaneras (‘Nuestra Señora de Amparo’, de Primitivo Collantes SA), se muestra en el Centro de Interpretación del Vino y la Sal.

Habilitado en un edificio de 1964, cuando en Chiclana de la Frontera se contabilizaban hasta 80 bodegas, el Centro de Interpretación del Vino y la Sal nos invita a descubrir las raíces bodegueras de la localidad.

Una historia de variados y exquisitos caldos, fórmulas magistrales de producción y de familias y gentes entregadas a la pasión del vino que se presenta y representa de forma detallada a lo largo de cuatro salas alimentadas por aperos, valioso material gráfico y una avanzada tecnología que nos transportan a los campos y bodegas de una tierra incluida en la denominación de origen Jerez, Xérez-Sherry.

Asimismo, rememorando un brillante pasado que a finales del siglo XIX llegaron a escribir hasta 38 salinas, el Centro de Interpretación del Vino y la Sal nos muestra los secretos de una industria, la salinera, que forma parte de la historia de ese privilegiado escenario natural que es el Parque Bahía de Cádiz..

Un viaje plagado de impactos visuales que nos acerca a faenas ancestrales que aún hoy se mantienen muy vivas en la localidad.

Sin lugar a dudas, el Centro de Interpretación del Vino y la Sal es uno de esos tesoros del centro de Chiclana que tienes que visitar si de verdad quieres adentrarte en las entrañas de una cultura que aún palpita en el corazón de esta luminosa población de blancos y verdes.