Villaluenga

Bajo su corteza, los quesos artesanales de Villaluenga del Rosario encierran toda una cultura, toda una historia, todo un territorio. Un territorio de piedra caliza y verdes pastos de altura que nos recuerda que nada, absolutamente nada, y menos aún lo excelente, es producto de la casualidad.

Y es que este es el principio de todo. Un territorio de altas cumbres, de ganado selecto, de pastoreo tradicional y de maestría quesera que dan lugar a quesos de esos que marcan la diferencia, que cuando se prueban te enganchan para siempre.

Un territorio al que se accede por la extensa y verde Manga de Villaluenga del Rosario y que, blindado por las sierras del Caillo y El Chaparral, nos conduce a las puertas de esas queserías en las que la elaboración artesanal es toda una religión, una filosofía, una forma de entender e interpretar la tierra.

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Curados, semicurados, frescos, de leche cruda, bañados en manteca colorá…, los quesos de Villaluenga del Rosario atesoran en su interior toda una tradición que tiene sus orígenes en los sótanos de las casas de los payoyos. Quesos con aromas de verdes pastos, de agua fresca y pura…, de territorio de altura.