Arcos

Aunque cualquier rincón de Arcos de la Frontera es digno de admirar y aunque resulta difícil elegir entre tantos bellos rincones, hay algo en esta localidad que marca la diferencia y que la hace mundialmente conocida, no sólo como puerta de entrada a la ruta de los pueblos blancos, sino también como pueblo en sí.

Y es, sin duda, la Peña, una formación geológica originada por la erosión que durante miles de años ha ido propiciando el paso del río Guadalete. Es lo que ahora nos permite contemplar esta espectacular Peña, de 100 metros de altura y casi un kilómetro de longitud.

Arriba, el balcón ubicado en la Plaza del Cabildo ofrece unas vistas panorámicas espectaculares. Pero también existe otra panorámica, la que se puede contemplar desde abajo. Y es esa la que hemos querido traer hoy a este rincón.

A lo lejos, presidiendo la imponente peña, queda el castillo de Arcos, antigua fortaleza militar que incluso llegó a pertenecer a la familia de Ponce de León hasta que a principios del pasado siglo XX fue recuperado por una familia de origen inglés, que se encargó de recuperarlo.

Para contemplar con tranquilidad la Peña de Arcos, recomendamos visitarla primero desde arriba, accediendo a la plaza del Cabildo y asomándose a su balcón. Posteriormente bajaremos con nuestro vehículo por las estrechas calles de Arcos hasta acceder a la carretera de circunvalación, donde hay un espacio habilitado para aparcar.