Ubrique vivirá este sábado, día 5, una de sus fiestas más arraigadas, la Crujía de Gamones. Se trata de una fiesta  declarada de Interés Turístico de Andalucía y en la que un mar de candelas llenan las blancas callejuelas de esta localidad, iluminando gran parte del casco urbano. 

La "Crujía de gamones" es una antiquísima fiesta que se ha ido manteniendo de generación en generación y en la que el fuego y el gamón cobran un gran protagonismo. Sin embargo, su historia y la fecha de su origen no están nada claros. Por una parte, se dice que la crujía de gamones nació de la costumbre que tenían los pastores para ahuyentar a los lobos. Y por otra, hay quien apunta que su origen se remonta al siglo XIX, cuando un destacamento francés ocupó parte de la localidad, lo que obligó a que numerosos lugareños se vieran obligaos a huir hacia la Sierra, donde comenzaban a explotar los gamones contra las piedras para que los franceses creyeran, por el ruido, que estaban fuertemente armados.

Los más veteranos del lugar también aseguran que estas candelas eran ya muy populares cuando llegaba el mes de mayo, iluminando gran parte del pueblo. Entonces, los arrieros hacían provisión del barnizo, primer corcho del alcornoque. Se unían todos los trastos viejos inservibles, que eran amontonados por la chiquillería del pueblo, y se le prendían fuego.

Por entonces, en muchas calles se tendían columpios de ventana a ventana donde las muchachas eran columpiadas por sus novios o amigos al compás de coplas llamadas de “pique”, con la intención de hacer perdidas paces. Junto a cada hoguera se organizaba un baile, con la guitarra como instrumento.

El gamón blanco es una planta silvestre parecida a un espárrago de gran tamaño y que crece en los alrededores del pueblo. Los ubriqueños tienen la costumbre de recogerlos días antes para luego usarlos durante la crujía de gamones. Para ello, aprovechan poyetes en los que se colocan grandes piedras donde “crujir” estos singulares tallos. El ritual indica que primero se colocan los gamones en la base de la hoguera el tiempo suficiente como para que la savia de su raíz se caliente. Pasado un tiempo, el experto saca el gamón del fuego, comprueba que humea por la base del tallo y se acerca ésta al oído: si el sonido evoca a un globo desinflándose por una minúscula abertura, está listo para “ser explotado”.

Al tiempo que saca el gamón de la candela, dedica jubilosamente el “crujío” a la salud de alguna persona, mientras se gira buscando la superficie más cercana contra la cual fustigar furiosamente la planta. Si todo sale bien, la base del tallo del gamón reventará a la primera, provocando un intenso ruido sordo. La gente entonces lo aclama, aunque si por el contrario el gamón pierde su vigor y el reventón es imperceptible, las risas de los presentes no se harán esperar.

Como complemento a este acto, esa noche se engalanan cruces con flores y se encienden candelas en todas las barriadas, siendo el lugar más concurrido, por pintoresco, la “Plaza de la Verdura”, enclavada en el casco histórico del pueblo.

Por lo que respecta a la fiesta de este año, el cartel anunciador corresponde a una fotografía de la candela de la calle Ronda realizada por Noelia Casillas García, ganadora del concurso fotográfico celebrado el pasado año.

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